Editorial de Relatos gratis en Todo eReaders

editorial de relatos gratis todo ereaders

Tenemos un nuevo proyecto en Todo eReaders, recibimos “muchos” mails con gente interesada en publicar sus relatos con nosotros, así que hemos pensado que es una buena idea y hemos preparado una iniciativa para poder ofrecerte relatos de calidad de forma gratuita.

La participación de la comunidad será crucial en esta mini-editorial. Cualquier interesado puede enviarnos sus textos en formato doc o rtf  siempre que no superen las 3.000 palabras. La decisión de que textos son aptos para publicarse la vamos a tomar entre todos. Te invitamos a que te registres en esta pequeña/gran familia que es el foro y participes evaluando relatos. Cuantos más seamos mucho mejor.

La idea es ofrecer cuentos, textos, relatos que interesen a la gente basándonos en la opinión de los propios lectores.

Si estás interesado te dejo unos detalles más sobre lo que significa ser lector editorial y/o como puedes enviarnos tu relato.

Hazte lector “editorial”

Si te apetece leer lo que nos envía la gente y ayudarnos a decidir si hay que publicarlo. Regístrate en el foro y dinos que quieres participar para que te de permisos. Trabajamos de una manera muy sencilla. Cuando tenemos un relato lo subimos a un foro privado en formato .epub y .mobi y os aviso por mail. A partir de este momento tienes 2 semanas para votar (si quieres) el relato, diciendo si lo publicarías o no. El criterio individual tiene que ser si lo recomendarías a un amigo. Y ya está. Nada más.

Ahora mismo tenemos ya 2 relatos para evaluar, las votaciones se cierran el 2 y 3 de junio así que anímate. Si te gusta la lectura vas a disfrutar.

Envíanos tu relato

Si eres un autor, o has escrito algún relato y te gustaría verlo publicado en Todo eReaders para que muuuuuucha gente pueda leerte, puedes enviárnoslo a editorial@todoereaders.com

El texto tiene que tener menos de 3000 palabras

Tienes que enviarlo en .doc .odt o rtf  y debes indicar en cual de estas temáticas lo clasificarías

  1. Ciencia Ficción/Fantasía
  2. Terror
  3. Noir (Policíaca o Criminal)
  4. Aventuras
  5. Histórica
  6. Narrativa
  7. Romántica
  8. Erótica

CONDICIONES: Si tu texto es aprobado:

  • lo publicaremos en el blog y además ofreceremos el ebook de forma totalmente gratuita en formato epub y mobi.
  • La propiedad intelectual de la obra seguirá siendo tuya por lo que puedes hacer lo que quieras, publicar
  • Nos autorizas a usar el texto en una recopilación anual.
  • No es necesario que sean obras inéditas
  • Por último. No cobramos y no pagamos. Todo esto es gratis para los lectores. Nosotros ponemos de forma gratuita nuestra plataforma y la edición y tú como autor el relato.

Si nos envías el relato a editorial@todoereaders.com es que has aceptado las condiciones anteriores

En cualquier caso, seas lector, autor o seguidor del blog, muchas gracias por seguirnos. Y cualquier duda que tengas para enviar un texto o participar en la comunidad leyendo, tan solo pregúntanos.


Un comentario

  1.   edaisin dijo

    Marcó su círculo el perro corriendo alrededor, girando su cuerpo a medida que el canino buscaba su espalda. La arena, lienzo del movimiento; círculo más allá de nosotros, vital. Detrás de la barba y pobladas cejas, yacía un hombre cansado, en su propio intento de vivir dignamente. “¡Qué menos que 3000 euros y un fisco de tierra para trabajar!” Un último intento. Intentó pescar. Caña nueva prestada por el barranco donde, entre el viento y sus hojas, y entre hojas y viento, imitaban el sonido del agua bajando tal invierno. A la sombra de estaM.áaaa Qatar danzando, aprendí el descanso para seguir caminando. Así trenzaba el nailon, mas preparaba el anzuelo. Tantas veces ahora con nosotros, como tantas veces solo, para luego en su soledad tirarlo todo al mar, llegados a este punto tan el mar como el fuego se prestaban al mismo juego del desapego. – ¿Esto te lo llevas tú? – Si lo llevo, lo voy a quemar. – Entonces nada. En su casa cueva, no una cueva hecha casa, sino la casa abandonada de su familia que transformó en cueva, a base de fuego tiñó las paredes de oscuridad calcinada. Medias ruinas sirvieron mientras descansábamos en ese jardín asalvajado, sí, como gatos, fumando a canto y sombra ecualizando mis pensamientos, voces dentro. En una montaña, borras de café y en otra, cenizas. En el barranco encontró dos criaturas que antes buscábamos, sin éxito. Las acrobacias con mi amigo no sirvieron más que para subir al árbol. Pero en el cauce, a la altura de nuestros ojos, dos criaturas. Se escuchó una voz anciana que dijo: “¡Criaturas! No las toquen, que su madre las puede abandonar debido a nuestro asqueroso olor humano”. Seguimos el cauce del barranco dejando atrás los polluelos. Fue por aquí donde encontramos un bote extraño en el que ponía “Tóxico. En caso de encontrarlo, quémelo”. Como una afirmación a su piromanía, lo hizo. Lo hizo con tan solo una cerilla. Movió el bote ardiendo hipnotizándonos, dejándonos ahí tirados mientras él sube una vegetada vertical. Lo dejamos buscando un rincón que ya no estaba, como aquella otra vez con la
    pintadera, que ya no estaba. – ¡Oye, nos vamos! – Estoy intentando ver cómo me bajo de aquí. Todo el día caminando con dos galletas y un poco de agua como siguiendo a una cabra haciéndose pasar por un hombre, como hombre haciéndose pasar por guanche en su tierra, mi tierra le recordó a mis piernas temblorosas, asustadas a cada paso. “Esta es tu casa”. Enseguida me di cuenta de que mi cuerpo estaba hecho para caminar por allí. “Esta es tu casa”, me dijo en otra ocasión, mirando a la vez que yo, para encontrarnos con cuatro pencas de palmera deshilachadas imitando a un techo ridículo. Reímos. Pero el aclaró que era el cielo: “Tu techo es el cielo. Un hotel de millones de estrellas”. “¡Ay Guayabita!, ¿dónde estás? que te soltaron”. Niños dentro de mayores rieron culpables de la libertad de la chinchilla. “El saco de papas vacío… ¿dónde estás, Guayabita?” “¿Y te gusta la filosofía a ti? Lo primero es la filosofía, después la idolatría y, más elevado aún, la mística”. Nos habló de las estrellas, los elementos y las formas. Trozos de libros. – ¿Y has visto algo? – ¿”Algo” de qué? – Sí, algo extraño, algo raro. – Una vez vi una lechuza. Reímos. De la risa pasó a la risa autocrítica. En un monólogo ante la pared, nos contó cómo se había tocado por dentro con un cuchillo. En la bañera, para no ensuciar tanto, se pinchó la barriga por amor. Por un dolor inmenso de la Humanidad que se desenfoco en ese punto. ¡Tlas!, y luego sostuvo las tripas con su mano. “¡Ven aquí, que te van a hacer daño! ¿No ves que se van a aprovechar de ti?”. Y ella que quería que abusasen por todos lados y entre todos. Él volvía a esnifar pegamento, barato, tranquilo. En la nocturnidad, sus pupilas dilatadas contemplaban la numerosidad de las estrellas, otros mundos. Con el firmamento, al lado su cafetera, vigilaba el horizonte como aquellas monstruosas montañas, que el capricho suyo más el de las luces y sombras, imaginaban a un gigante y su catalejo. Esperando la llegada de barcos holandeses que lucharon con punteros a muerte. Eran en
    estas tierras donde en su neblina de hachís cocía el pensamiento. Dormía en verdaderas cuevas, rodeado de cuarzo, vaso comunicante con el pasado, memoria energética. Guió a mi amigo montaña arriba, en busca de un verode. Aplicado sobre la cortada limpia de un sacabocado, curó, cerró, limpió. Lo veíamos introducir la cabeza en la charcadera llena de renacuajos y algas de agua dulce, bichos de agua dulce. Acostumbrábamos a bañarnos en agua salada, entre bichos de agua salada, a veces comida. Lo acompañamos por la vereda acantilad, hacía el escalón que no estaba, un tramo sin camino. Pasamos miedo para llegar a la cueva “esta sí que es mía” “esta la soñé” su cueva era un capricho que la alquimia de la tierra, rocas fundidas, formaron. Medio tipi indio sin techo, verticalidad. Bajamos a la playa, vimos un nudo de madera, un trozo de tronco, y él se lo cargo a la espalda, subía con nosotros detrás temiendo que callera barriéndonos. Otra vez en la cueva, en un caldero las papas, el aceite deslizándose dela botella al fondo. Encendió a hoguera que ardía encima. Con una papa asada volvimos. Imaginé, de vuelta, su vida atrás con la alemana, Vivieron felices apartados del mundo, ella ya no tanto, él sí, haciendo trompos con su coche. Y se acabó, llego el día. Ahora vivía en un invernadero, el calor, la humedad y hierbas. A la última vez de verlo, falló él, algo de él en sus ojos. Me esquivó usando la iglesia para engaño como antaño. El invernadero, bombas psiquiatroquímicas, zonas convulsas. Una noche dormía en la choza, invierno, mosquitos, murciélagos, las pardelas con sus cantos psicodélicos pescaban. Cerca del fuego, sentado quemaba todo lo que apetecía, todos los calderos en una llama azul. Alzó mi bastón y no lo quemó. Juan Carlos se lo dio, así pues era suyo. Una presión sanguínea elevada apretó sus adrentros, elevó su miembro sosteniéndolo por instinto, para luego empezar a frotarse masturbándose. Eyaculó por fuerza, su corazón alivió la tensión al borde del miocardio, del infarto.

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